Reseña de «La última habitación» de Carlos Navas


La última habitación es la primera novela del escritor español Carlos Navas.

La particularidad de este libro es su estructura experimental. Suspense con toques de noir contado desde varios puntos de vista. Carlos Navas narra la primera parte con un entrelazado de llamadas telefónicas, todas ellas de los inquilinos del edificio Secret Garden, lugar donde transcurre la historia.

Al principio se hace difícil seguir el hilo de lo narrado, ya que en cada página varía el personaje, tanto el que está hablando como el que escucha. Nosotros, estamos de observadores, como si fuéramos un espía que tiene pinchados todas las líneas telefónicas. Poco a poco, cada persona del Secret Garden se va enlazando con otra, hasta el punto que lo grotesco pasa a primer plano, ahí es cuando uno se comienza a hacer las preguntas. Primero cómo y después quién. Plantas que tienen abono hecho con restos de personas, niños que desaparecen y chusmerios como en cualquier barrio son algunas de las cosas que nos enteramos de los diálogos ajenos.

La segunda parte está contada como si fueran archivos policiales. Detallando cada acción que antes escuchamos en la primera parte, para hacerlo más fácil: primero leemos como una persona es atacada y luego nos dicen de qué manera con el informe. Lo malo de esta forma novedosa de redactar es que no hay afinidad con los personajes, no los querés ni los odias, están ahí y la curiosidad te lleva a continuar con lo que sigue, pero solo es curiosidad.

Carlos Navas
Al final, para darle un toque de realismo a las situaciones e investigaciones, hay una seguidilla de imágenes que recrean los lugares de cada escena. Aclara algunas dudas que quedan pendientes.

Carlos se destaca por aportar a la literatura de manera acertada, con varias de las coordinaciones que hizo para sus antologías. Esta vez se animó con un esquema por demás arriesgado. El hecho de que sea experimental cortaría con las segundas partes... vamos a ver con qué nos encontramos en el futuro.

La última habitación (2016)
Autor: Carlos Navas
Editorial: publicación de autor
Género: novela
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Reseña de «El muertito» de Oscar Tabernise


Cualquier semejanza con la realidad es mera coincidencia, así arranca El muertito. Cuando te avisan eso es porque la historia,  además de creíble puede llegar a concordar con la de alguien más y eso le da un gustito más sabroso a cada página.

Tabernise sabe cómo contar una historia, ya en la portada del libro te avisa que es el autor de Poliladron, y con ello dejan la vara muy alta para arrancar la historia, o por lo menos para mí, que me encantaba esa serie.

Si bien El muertito tiene a Lucio Gualtieri, un personaje principal muy bien armado, la novela es coral. Cada uno de los secundarios se roba un poco de la trama en cada capítulo que le toca. Como dije antes, la novela está dividida en capítulos que bien podrían ser escenarios variados que se van tiñendo del mismo color para, una vez avanzada la novela, tener una paleta tan variada que reparte realidades a los golpes.

Para hacer el trabajo que le pidieron al protagonista tuvo que moverse a Misiones. Un asesinato, en el cual el pene del cadáver fue cortado una vez muerto y eso pasa apenas en la página dos de la novela. La tumba de El muertito, un niño que murió ahogado y todos lo toman con un santo. A partir de ahí todo empieza a anudarse con los cabos que el autor va dejando con conciencia.

Oscar Tabernise
La forma de narrar es intrincada, pero la historia te absorbe de tal manera que sentís estar en la tierra misionera, avanzando e investigando a la par del «ex policía, ex adicto, ex esposo» como dice en la sinopsis. Tanto los libros como la música son importantes en la creación del personaje.

Si dije que la historia es buena, destaco sobre ella los diálogos. Muchas voces distintas, y no por quien las habla, sino por cómo se expresan. Policías gastados por el tiempo y brillantes por la guita, putas, nenes, servidumbre y acosos. Un novela negra que además es oscura por los temas –reales y actuales– que mueve. La venta de niños, hasta donde sé, deja de ser un comentario para, lamentablemente, ser una realidad. Aunque al principio se diga que todo es ficción.

El muertito (2016)
Autor: Oscar Tabernise
Editorial: Revolver

Género: novela

Reseña de «El Tumba» de Javiér Ávila


Un barrio, oscuro y solitario.

El Tumba es una novela de Javier Ávila, publicada por Textos Intrusos, que roza varios géneros, pero su eje es el policial. Cada parte del libro se va manchando de negro, haciendo de esta una historia que dejará al lector expectante en cada párrafo. El cuento ganador del  Haroldo Conti 1995 le dio el puntapié para gestar esta novela que arranca con un inicio excelente, donde te llena de cuestiones y te empujan a seguir leyendo.
           
La novela se transforma constantemente y se enmaraña con otras más pequeñas, haciendo de cada página un adoquín de la misma calle. El autor te embriaga en el bar de la esquina y te hace jugar a las bochas con los viejos de la historia, te trasporta en cada una de sus cuatro partes.

Como bien lo dice Leopoldo Brizuela en su contratapa: «…con un oído y una capacidad para el diálogo absolutamente únicos, las voces de los nuestros», las voces de los protagonistas se incrustan en los recuerdos del lector, cada frase está colocada en el lugar justo.

Un cementerio, un barrio que bien podría ser el de cualquiera y los tangos que sellan cada momento de la historia. Las mujeres, en esta historia tienen uno de los papeles más logrados, sufridas ante todo, pero mostrando cómo es su verdadera esencia.

Javier Ávila
Las descripciones son muy logradas, no se pasan en el aburrimiento de lo visual, sino, haciendo sentir al lector las emociones de los personajes como propias. Desde lo más áspero hasta lo sutil, como los toques sobrenaturales que Javier supo dosificar a lo largo del camino de El tumba. Esto último fue un condimento que cambia el valor de la novela, pera hacerla más rica en su contenido y abrazarte hasta el final que te engancha aún más.

Se destaca el peso literario que Javier vuelca en su libro. Sorprende gratamente cómo se desenvuelve y cómo engancha la novela. Costumbrista, barrial o verdadera, esta historia te empuja a querer más a lo nacional y lo propio.

Este libro es que es el primero de la saga de El ángel de la noche.

El sótano

Fotografía de CAROLINA DILO
El sótano

«Uno es uno con otros; solo no es nadie».
Antonio Porchia

La apuesta es un hecho. Camino por la casa de los Quiroga, más que una casa es una mansión, donde el viejo vivió en sus últimos años. Hasta ahora todo lo que dicen por ahí, que está embrujada, es solo un rumor, espero que siga siendo así. Desde lejos se nota cómo los grises de las piedras se alimentan de las sombras, apagando los colores de los edificios cercanos.
Tengo que filmar las dos vueltas y lo único que me dejan llevar es mi celular, ilumino con él cada paso. Estoy con un miedo desmedido, mordiéndome los talones y se aumenta cada vez que miro sobre mi hombro, siento que me miran. Una a una, las pisadas que doy me hacen crujir el estómago. Siempre traté de evitar este tipo de lugares; no me gusta exponerme a cosas que desconozco. Las malas lenguas dicen que en el pasado esta casa era únicamente para velar a los muertos; esas reuniones no las entiendo, me parece algo innecesario para la despedida de un simple envase. Cuando perdí a mi padre no asistí a su velatorio, no recuerdo la última vez que fui al cementerio.
  Dos vueltas completas, quién me manda a mí a apostar; lo positivo es que no tengo que entrar a la casa. Cuando mis amigos me vieron pasar una vez, se rieron por cómo caminaba, encorvado y temeroso. Me chiflaban y me gritaban, volvían al segundo grado. No entiendo cómo de grande acepto que sean mis amigos, debe ser que tengo la necesidad de pertenecer a algo.
De todo lo que vi en la primera vuelta, lo más terrorífico está grabado como una foto. Si me pongo a pensar en mis recuerdos, los dolorosos están en un álbum de fotos íntimo. Lo bueno se esconde, se me escapa del día a día. Mi mamá siempre dice que somos lo que hacemos, pero yo no hago mi soledad.
 La puerta de lo que parece ser un sótano tiene un ángulo llamativo, además, los bordes esculpidos en piedra parecen teñidos por el paso del tiempo. No me sorprende su estructura, que es por demás hermosa, sino la curiosidad que me llenó al verla. Me invita a pasar; pero, tengo que hacer la vista a un lado para que mi mente no cree algo que no está ahí.
Para cuando llegue a el portón de salida, por segunda vez, la apuesta va a estar cumplida, mi palabra intacta y un valor agregado para contar algunas anécdotas en los campamentos del próximo verano.
La luna estira mi sombra sobre el piso adoquinado, los segundos me empapan. La niebla de la noche roza mi cara; la humedad se me impregna y la transpiración se clava en mi espina dorsal. Me siento frágil. Necesito salir de acá.
El patio trasero no termina nunca. Los árboles ahogan la luz, se mueven junto a la oscuridad, siendo una sola cosa. Los ruidos se acumulan entre las raíces, me alejan de lo real. Camino con la vista perdida, por las huellas que dejé la primera vez. No me falta nada, sólo un cuarto de los pasos que aposté. Si bien es un juego tonto, no deja de ser una apuesta: «El que pierde en el metegol tiene que aguantase su mayor miedo», y acá estoy, caminando entre la oscuridad y la soledad, mis peores enemigas desde hace años. Si pudiera volver el tiempo atrás, lo haría para callarme ese día que conté sobre la casa de Quiroga. O para despedir a mi papá.
Avanzo por el parque, silencioso. Los ojos de algunos animales me observan desde el fondo de la negrura de los arboles; sé que no es más que algún gato, igual, hizo que lo deje de mirar. El silencio es tan intenso que puedo sentir su eco.
Necesito tener la mente en blanco para poder terminar de la mejor manera. Diez pasos me separan de la puerta de doble hoja del sótano, cuando me golpea un aroma a jazmín tan dulce que me asqueó. Observo el alrededor buscando la planta, pero solo encuentro el hormigón empapelando mi vista.
No quiero mirar hacia el sótano. Pero la verdad es que no puedo evitarlo, estoy delante de él. Noto algo que antes había pasado por alto: no tiene una de sus tablas; se podía ver hacia dentro. Ahí, el aroma es intenso y entre lo dulce de las flores hay algo más, en el fondo, se puede sentir un picor amargo, un olor a encierro que es difícil de interpretar desde donde estoy.
  Me arrimo a la puerta y puedo distinguir que un gran ramo de flores blancas yace sobre el suelo. Miro la cerradura, no me animo a tantear si está abierta. Sigo buscando una excusa para continuar con mi camino. Del interior llega a mí un aire tibio que me invita a entrar. Siento que tengo que hacerlo.
Me echo un poco hacia atrás para ver si los chicos aún están en la entrada; me quedo tranquilo al verlos cómo siguen cada movimiento que doy, me vuelvo a sentir acompañado, me dan un poco más de valor. Tengo que vencer mis miedos y este día es el indicado, no quiero volver a pisar este osario.
Apoyo mi mano sobre el picaporte y cede. Afuera, la brisa trae a mis oídos las quejas de mis amigos, al entrar, todos los gritos se apagan, hay paz. Me acerco al arreglo floral y ahí dentro noto cómo todo tiene otra perspectiva; están sin vida, secas y el aroma que antes era dulce y armonioso pasó a ser el agrio picazón que sentí antes. Es toda una mentira.
Veo a mis costados las placas con los nombres de los cadáveres que descansaban ahí. Entre ellos está el de Silvestre Quiroga, con un tallado de su cara. Se reflejan con un brillo quebrado, entre lo real y lo que alguna vez estuvo vivo. El miedo me atenaza el poco valor que me queda.
  Me cuesta respirar. El aire viciado y la humedad no me dejan pensar con claridad. Llamo a los chicos varias veces pero parece que mis palabras no salen de la habitación. Voy a la entrada. Intento agarrar el picaporte antes que la puerta se cierre; hace vibrar las paredes. La temperatura baja hasta tal punto que en el vidrio se puede ver la huella de una mano. El mareo no se hace esperar. Siento que me abrazan y no me dejan caer.
El polvo que vi en la primera recorrida se vuelve a posar en los bordes. Parece que nadie hubiera tocado el sótano en años.
Trato de gritar. Abro la boca, aprieto la garganta, endurezco el pecho… pero no pasa nada. No se escucha nada.
Busco el celu, pero ya no está. No está en los bolsillos, no está en el piso. Intento gritar otra vez: ¡Dónde está mi celu!
Nada. Ni un hilo de mi voz consigo.
Alguien viene. Una sombra. Una sombra que tardo en reconocer pero que ya frente a mí identifico enseguida: Silvestre Quiroga. Es él.
Quiroga se hace presente —o lo que queda de él—, me agarra de la mano y me tira hacia él, acaso hacia su mundo. Siento sueño, cansancio. Pero es un cansancio distinto. Es… es como si mis latidos fueran apagados por las manos de la oscuridad. O de la eternidad tal vez.
El silencio pesa, lo puedo sentir.
Ya nadie sostiene mi mano. Quiroga se ha ido. Y, por alguna razón, no me siento más solo.
Veo a través de las maderas que alguien se mueve afuera. Soy yo, mi cuerpo de carne y hueso: camina tenue, pesaroso, hacia donde están mis amigos. Sus amigos.
Mis amigos ahora serán otros: el sótano de los cuerpos me adopta como a su nueva presa. Como su nuevo muerto.
Y yo ya no temo: yo ya vencí mis miedos. 

Esteban Dilo


Entrevista a Patricio Chaija


Patricio Chaija es un tipo de varios lugares, profesor de literatura y sobre todo un gran escritor. Llama la atención la cantidad de obras que tiene publicadas, y la calidad en sus letras. Tuve la oportunidad de conocerlo un poco más con esta entrevista y acá está, para que ustedes se metan en sus respuestas, en sus pensamientos y sus terrores.

¿Cómo llegó la literatura a tu vida?
Mi madre era lectora y yo comencé a imitarla. Tal vez por eso. Igualmente siempre me dieron curiosidad los libros, sobre todo los que incluyeran imágenes. En casa había libros, mi vieja iba a la biblioteca a sacar novelas, yo la acompañaba. Charlábamos mucho. Creo que en algún momento me propuse ser el novelista que ella hubiera deseado. Al menos así me he analizado.

¿Creés que llegaste a serlo?
Tal vez. Quizá a ella le gustaban más los thrillers. Tenía un gran gusto por lo morboso. Un día me pasó una revista para que leyera un cuento del Decamerón. “Es re porno”, me dijo entusiasmada. Pero era bastante flojita la historia.

¿Cuándo sentiste que podías ser escritor?
Siempre me dio pudor decirme “escritor”. En el 2008 se publicó un cuento mío en una página española llamada Fantasymundo. Recuerdo que me dije “Creo que soy escritor”. En ese entonces yo tenía 26 años, y llevaba escritas cinco novelas inéditas y decenas de cuentos. Pero a partir de esa publicación me reconocí como escritor. Antes había publicado otro cuento, “El brujo”, en Axxón, pero ahí no me sentía un escritor. Podría haber sido suerte que me publicaran “El brujo”. En cambio cuando en Fantasymundo apareció el relato corto “Pili” pensé que ya no era casualidad: era un escritor. Dos años después el relato desapareció de esa página porque se publicó en la Argentina la novela titulada Pili. Igualmente, nunca digo que soy escritor, salvo que alguien me pregunte. Me sigue dando pudor concebirme así.

¿Sos partidario de tomar clases en talleres literarios? ¿Cuál fue tu mejor manera de aprender?
Sí, los talleres me parecen bárbaros. No te enseñan a escribir (nadie puede hacerlo) pero sí te enseñan a escuchar y a hablar. A compartir. Y esa es la mejor manera de aprender. Con respeto por la escritura del otro. Oyendo críticas que te ayudan a mejorar. Cuando leo u oigo una crítica de algún libro que publiqué siempre pienso “Tengo que trabajar más”. Entonces agacho la cabeza y me esfuerzo más. No sé si los resultados son satisfactorios, pero el intento lo es todo, ¿no? Y esa manera de escuchar sugerencias la aprendí en el taller al que fui siendo adolescente.

¿Hasta dónde te gustaría llegar como escritor?
Si me permito soñar te puedo decir algunas cosas. Siempre deseé ganar el Premio Clarín de Novela. Y el Cervantes. Jaja sé que suena pretencioso, pero eso es lo que deseo. Y ver en el cine algunas de mis novelas sería genial. Viajar y conocer otros lugares, charlar con lectores… En resumen: recibir cariño. A eso apunto en la vida y en esto de la literatura.

¿Qué libro te marcó para siempre?
Me marcaron muchos. Pero me marcaron más los libros malos. Recuerdo que con mi madre leíamos cuentos en un manual de la secundaria (teníamos un kiosco en Tornquist y había tiempo para leer y charlar) y ella cerraba el libro luego de leer algo en voz alta y me decía: “Si publicaron esta pelotudez, entonces, ¿cómo no van a publicar los cuentos que escribís?”. Ahora que lo pienso, no sé si me estaba diciendo si lo que escribía era una pelotudez o no. (También noto, al rememorar, que mi madre hablaba como la expresidenta). Bueno, el caso es que me motivó a seguir intentándolo.
Y algún libro que me marcó (para bien) sería “Cementerio de animales” de King. Ojalá algún día escriba un libro tan bueno como ese, o como “El hombre ilustrado” de Bradbury.

¿Por qué creés que escribís terror?
Me divierte. ¡Soy como un hombre que solo quiere asustarse! Me encantaría divertir a mucha gente. Que se conecten con la historia que inventé es algo mágico. Hay mucha gente que desea una trama sobrenatural. Somos legión.

Sos un escritor prolífico, ¿tenés algún ritual a la hora de escribir?
Tengo disciplina. Y un ritual tonto: cuando escribo una novela me coloco un gorro tejido de color amarillo, negro, rojo y verde.

¿Podés contar algo más de esa disciplina?
Me fuerzo a sentarme. A veces procastino lavando los platos, en vez de escribir. Tengo un superyó muy dictatorial que me obliga a sentarme. “Hasta que no escribas dos páginas no ves esa película”. Me siento frente al teclado y dejo que las compuertas se abran. Mi mente siempre está imaginando acerca de la historia en la que estoy trabajando. Por suerte mi mente (no sé cómo funciona el cerebro ni la creatividad, pero a mí me pasa de esa manera) se ocupa de imaginar mientras estoy haciendo otra cosa. Todo lo absorbe. Es como si tuviera compartimientos separados. Mientras hago una tarea doméstica como cocinar, una parte de mi mente está ahí, pero otra parte imagina situaciones, diálogos, ambientes para describir. Duchándome, saliendo a correr o en cualquier situación he tenido conceptos que me ha interesado volcar en la escritura. También estoy muy atento a mi alrededor: las personas con las que trato diariamente me ayudan, sin saberlo, a escribir.

Tenés publicadas novelas autoeditadas y bajo un sello editorial ¿Cómo te gustó más publicar?
De cualquier manera me ha gustado. Me topé con editores amables, y eso es lo importante.

¿Cómo es eso de que te están traduciendo a coreano?
Es algo que aun no termino de entender. Un muchacho me envió una foto de una universitaria coreana que traduce cuentos míos a ese idioma. Es algo que no me veía venir.

¿De qué trata «Los Señores De Xibalbá»?
Es la historia de dos hombres que viajan a una ciudad en busca de venganza. Ellos son hermanos y deben descubrir quiénes asesinaron a sus padres.

¿Es autoconclusiva o habrá una segunda parte?
Es autoconclusiva. En mis libros y cuentos los personajes o situaciones están conectados, a veces no de manera demasiado evidente, pero en este caso es una historia individual.

La soledad del escritor es uno de los temas más hablados en el ámbito, pero, no todos comparten que es literal. ¿Cómo es tu proceso de escritura?
Es muy solitario, tal cual. Debe haber silencio. Por eso prefiero la noche. Aunque aprendí este último verano a aprovechar el día. Ahora puedo decir que escribo en cualquier horario. Tengo las cosas en mi cabeza y escribo. Tomo notas a medida que avanza el relato o novela. No sé cómo explicarlo. Es algo raro. La historia me viene como una imagen en donde está todo.

¿En qué estás trabajando ahora?
Estoy escribiendo una novela y una biografía.

¿Qué tipo de investigación usas para tus novelas?
No soy de investigar mucho. Noticias policiales, o de casos sobrenaturales. Lo demás me aburre. Pero en realidad todas las lecturas que absorbo son una investigación acerca del lenguaje. Novelas, cuentos, poemas, ensayos. De cualquier género. La gente suele sorprenderse cuando se entera que me encanta la poesía, y sobre todo la de amor. Para escribir hay que leer de todo. Después escribí lo que se te antoje.

¿Qué autores contemporáneos recomendás?

Los cuentistas Juan José Burzi y Pamela Terlizzi Prina. Y los poemas de amor de Adrián Giorgio también me gustan mucho. 

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Reseña: «Once Cáscaras» de Rubén Risso

Después de leer el prólogo de Narciso Rossi, que habla de las tragedias y cómo las cosas pueden empeorar más y más, viene el Bastidor; que es la primera cáscara que encamina a las demás. Se nota que el autor investigó y se empapó con las creencias judías. Rubén nos habla del Sefirot, conocido como el árbol de la vida, y el Qlifot, su sombra. En ellos florece el índice del libro, donde cada cuento tiene un lazo con la sombra de la vida y viceversa.

Los primeros cuentos de las antologías, casi siempre, se usan para que te zambullas en el libro. Al final del túnel no hay luces, literalmente hace eso; los diálogos son tan profundos que el lector llega a sentir el peso íntimo que siente el personaje.

Un grito. Dos pasos. Un golpe. Te saca de la realidad para abrazarte en una atmósfera donde lo real pasa a otro plano. En un principio las incertidumbres abarcan todas las páginas, hasta que los párrafos dejan que las respuestas llenen ese vacío. Si hablamos de realidades, el cuento que le sigue es La sangre de cristo, donde la posición del narrador te saca las ganas de ir a confesarte. Pasa todo lo contrario con Demonios de corbata, que al terminarlo te hace doler el ego, y te dan ganas de preguntarte hasta dónde llega tu propia realidad.

Intentá borrar esto es un grito al aire, pero no al que respiran todos, sino al que solo respiran las personas lastimadas por la falta de información y el vacío interior. Uno de los mejores, con una gran moraleja a los sordos de sentimientos. La realidad está desperdigada en cada página y Cuando los ángeles silban es una muestra fiel de eso. La  lectura  de Risso durante la presentación de Once Cáscaras silenció a los oyentes para meterlos en el encierro de dos hermanos, sobreviviendo a los problemas de una guerra ajena.

Por las noches las casas se achican es el contraste que me gusta del libro, usando otros recursos para llegar al miedo, con una idea que particularmente me llenó más que otros cuentos. Otro más que con su final alcanza el podio de las once cáscaras, así como el cuento que le sigue: El ombligo; que entre tanta sutileza te engancha como si la piel se pegara a las letras.

Brotan párpados me recuerda mucho a una historia de Stephen King que se llama The Plant, donde una planta se lleva gran parte de protagonismo en una oficina. Con esto, solo dejo para ustedes que busquen cómo algo “tan estático” puede ser un gran personaje. Recomendado, al igual que Escándalo en Venecia, donde Risso usa el registro con el cual lo conocí, bien poético y con modismos del pasado romántico, donde Poe podría sentirse cómodo. El sexo y los gustos de un personaje pueden llegar a cambiar más de un detalle. Una buena historia que cierra un gran libro. 



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Entrevista a Celso Lunghi


 ¿Cómo llegó la literatura a tu vida?

A través de una profesora de mi escuela. Siempre la nombro porque realmente fue muy importante para mí: Marta Bonora. Ella había sido mi maestra en la última salita del jardín y, no recuerdo por qué motivo, en un momento, la pusieron de bibliotecaria y nosotros, en los recreos, íbamos a pedirle que fuera en la hora de Lengua a contarnos cuentos. Era una excelente narradora oral y elegía un corpus infalible: “La gallina degollada”, “El corazón delator”, Bornemann.

¿Cuándo sentiste que podías ser escritor?
Nunca. De hecho, todavía no lo siento. Cada vez que empiezo algo nuevo, pienso: “¿Podré?” Sí hubo un corte muy fuerte en mi vida que fue haber estudiado Letras. Yo veía a mis compañeros que se esforzaban por hacer tesis que iban a quedar archivadas o que, en el mejor de los casos, iban a estar de moda un par de años y después se iban a morir y pensé que no quería eso para mí. Creo que el secreto es sentarse y escribir. Siempre lo digo: disciplina. Sacar una o dos páginas por día, tachar, borrar, pero nunca dejar de escribir.

¿Qué libro te marcó para siempre?
Boquitas pintadas, de Manuel Puig. Lo leí de adolescente y, literalmente, sentí que la cabeza me hizo ruido. Puig sigue siendo mi modelo de escritor, un tipo que se renovó novela a novela, que nunca se quedó en la cómoda, que apostó y apostó fuerte. Después, de grande, leí The Buenos Aires Affair y me impactó mucho más, pero el quiebre lo hizo Boquitas. Además, fue el primer libro “de adultos” que leí. Antes de eso, leía una colección que también fue bastante determinante: Fantasmas de Fear Street, de R. L. Stine, del cual no se supo nada más. De hecho, el primer libro que me compré fue Cómo ser vampiro, de esa colección. Todavía lo tengo.

En el 2012 ganaste el premio de Página/12 con tu novela «Me verás volver» Seguro que ya te han preguntado varias veces sobre ella, pero no me puedo quedar atrás: ¿Te tenías fe cuando la presentaste?
Para nada. La mandé por mandar. De hecho, la mandé porque pedían un mínimo de cien páginas, que era lo máximo a lo que yo sentía que podía llegar. Fue una sorpresa. Grata sorpresa, por supuesto. A nivel personal funcionó como una autorización. Yo soy muy inseguro y haber ganado ese premio fue como un “Seguí por este lado.”

Me imagino que te abrió varias puertas en el mundo literario. ¿Qué pasó después?
Recién ahora me está abriendo algunas puertas. En ese momento, yo era chico (tenía veinticuatro), era lo primero que escribía y ganaba un premio importante, que tenía un antecedente tremendo: Aurora Venturini. Me intimidó bastante. De ahí, también, el tiempo que pasó entre la primera y la segunda. Recién ahora me siento un poco más seguro. Y enfatizo el “un poco.”

Tuve la suerte de conocerte gracias a «Pelos de punta» ¿cómo llegaste a la colección?
Como llegaron todos los que llegaron a esa colección: a través de Narciso Rossi.

Después de PdP se abrió el concurso de «La otra gemela», Participaste con «Seis Buitres» y terminaste publicando con ellos. ¿Por qué creés que eligieron la novela?
En rigor, yo no participé del concurso. Soy amigo de Narciso y, hablando con él acerca de la novela, accedió a publicarla. Por qué habría que preguntarle a él.

¿De qué trata «Seis Buitres»?
Me cuesta definirla. Seis Buitres es, por un lado, la historia de siete jóvenes que son asediados por presencias paranormales y, por el otro, de una chica a la que un grupo de hombres lapida. Es una historia acerca de la brujería en la que traté de apostar, por un lado, a los recursos y, por el otro, a reflexionar, desde la ficción, acerca del género. Debería aprender a venderme un poco más.

¿Te manejás mejor con historias corales?
Sí. Totalmente. De hecho, ahora, el desafío es salir de esa zona de confort y narrar una historia desde un único punto de vista. De cualquier forma, creo que la polifonía es muy útil para el género, porque te permite ver cómo se va transformando una historia.

La soledad del escritor es uno de los temas más hablados en el ámbito, pero, no todos comparten que es literal. ¿Cómo es tu proceso de escritura?
Yo no tengo demasiada vida útil como escritor. Es algo que lamento, pero, lamentablemente, es así. Escribo una o dos horas por día, como mucho, pero lo hago todos los días. Me levanto a las siete y escribo hasta las nueve o diez. Después, listo. No puedo escribir o corregir una sola línea más en todo el día. Pero creo que la clave es esa: hacerlo a diario. Como decía Kafka, aunque suene pretenciosa la comparación: “Todo lo que necesito es disciplina”. Disciplina, para mí, es la palabra clave.

¿En qué estás trabajando ahora?
Acabo de terminar una novela que se llama Bruja y que me tiene muy entusiasmado y, después de las vacaciones (ahora tengo la cabeza quemada), me voy a poner a trabajar en otra que tengo empezada hace rato y en la que quiero explorar el horror no sobrenatural.

¿Qué tipo de investigación usaste para el tema de la brujería?
No demasiada. A mí me da mucha fiaca investigar. Mucha. Me parece que a veces lo que uno investigó termina contaminando demasiado la escritura, o sea, le termina quitando espacio a la ficción. Lo correcto sería que yo dijera que investigué hasta el cansancio pero no fue así.

¿Creés en los trabajos o gualichos?
No. Creo en muchas boludeces, pero precisamente en esa, no.

Cambiando un poco de tema pero no de letras: ¿Qué es #numeral?
Es un ciclo de lecturas. Funciona una vez por mes en una librería hermosa que se llama Despensa de Libros Vacío Editorial que solo trabaja con editoriales independientes. Leen tres autores por encuentro: uno, un fragmento de novela; otro, un cuento y el tercero, poesía. El próximo es el miércoles 7 de diciembre (previa de feriado) a las 20:00.

Y por último, ¿qué autores contemporáneos recomendás?
Mariana Enriquez, Matías Bragagnolo, Luciano Lamberti. 
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Entrevista a Ignacio Roman Gonzalez


Ignacio, además de ser un gran escritor es una gran persona. Profesor, psicólogo, ganó un concurso de la Editorial Planeta y es el flamante ganador del concurso de La otra gemela con su novela «La analogía del cielo». Pude hacerle algunas preguntas y conocerlo un poco más, espero que les guste.

Fotografía de facebook.com/aripezzutti/
¿Cómo llegó la literatura a tu vida?  
De manera informal, por suerte, cuando era niño. Un encuentro casual en una librería de mi ciudad natal, Punta Alta, con un ejemplar de una colección de novelas breves de terror. Fantasmas de Fear Street. En esa tapa del libro se veía a un niño que gritaba con muchísimo espanto. Le pedí a mis padres que lo compraran para mí, y ahí empecé a elegir por mí mismo los libros que quería leer. El espectro después se amplió, pero creo que así fue.

¿Cuándo sentiste que podías ser escritor?
Creo que fue cuando encontré un grupo de pertenencia. Amigos que confían en mí tanto para compartirme sus manuscritos, como para aceptar de buen agrado leer los míos. En este sentido, los escritores Patricio Chaija y Fabio Ferreras constituyen dos amistades fundamentales para mí. A tal punto, que si no los hubiera conocido seguramente me encontraría transitando otros caminos. Y afortunadamente la lista de amigos se sigue ampliando año a año.

¿Sos de investigar antes de ponerte a escribir?
Si. Pero trato de que no se note.

Yo te conocí gracias a las antologías de PelosDePunta, ¿Podés contarnos en qué otros proyectos participaste?
Sí. Lo primero que publiqué fue un poemario titulado «El sol nos mirará de lejos». Le siguió el libro de cuentos «Perspectiva Modelo», que son relatos breves. Un cuento mío integra el corpus de «Osario Común», la antología de horror de la Ed. Muerde Muertos. Los chicos de Pelos de Punta me invitaron en un par de ocasiones. La primera vez con un cuento, la segunda con un prólogo. También prologué el primer libro de cuentos de Patricio Chaija, «La oscuridad que cayó sobre Tornquist». Y además integré el dueto «Fonopoética», con el músico Mauro Marinsalta, cuyas grabaciones se pueden ver por youtube.

¿Cómo fue ganar el concurso de PelosDePunta con tu novela «La analogía del cielo»?
Fue zarpado. Una emoción enorme de la cual todavía no me recupero.

¿Por qué creés que ganó esa historia?
La culpa la tiene el jurado. No me puedo hacer responsable de la elección que realizaron. ;)

Entonces cambio la pregunta. ¿Por qué un lector tendría que elegir ese libro? ¿Qué nos podés contar?
Es una historia de ciencia ficción que vira al horror. Una pareja de longevos científicos se encuentran trabajando en una estación espacial en órbita, utilizando la llamada «máquina de Dios» para crear diferentes universos encapsulados y estudiarlos minuciosamente. Una purga en los sistemas de comunicación los deja aislados; es cuando comienzan a padecer una sintomatología que corresponde al cuadro clínico conocido como post psicosis. La ingravidez, el creacionismo y una fuerte incontinencia intestinal dan lugar a una cosmogonía que —espero— envolverá al lector en un aura de santidad y mal olor.

¿En qué estás trabajando ahora?
Estoy escribiendo una novela sobre inteligencia artificial y chamanismo. Está avanzando bastante rápido, y sería parte de la trilogía que comencé con el cuento La mecánica del Infierno (publicado por Muerde Muertos); que continúa ahora con La analogía del Cielo (LaOtraGemela Editora); y que se definirá con la novela que estoy escribiendo ahora.

¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Escribís cuando podés o tenés todo bien organizado?
Disfruto de escribir, casi tanto como leer. Y como toda persona que necesita trabajar para subsistir, necesito organizarme con los tiempos. Pero una vez frente a la computadora, trato de no controlar demasiado lo que sucede. Después hay que corregir; pero generalmente ocurre que me encuentro con la estructura de la novela mientras la estoy escribiendo. 

¿Qué autores nos recomendás?
Creo que todos los autores actuales que me gustaría recomendar están compendiados en la minuciosa colección Pelos de Punta. Sería cuestión de que la gente vaya y la compre completa.

¿Fuiste a algún taller literario? ¿Creés que es necesario para ser escritor?
La verdad es que no asistí de manera regular a ninguno, aunque lo he intentado. Sí creo que es fundamental buscar la manera de crecer en esto; y siempre es con un otro. Pero dependerá de la transferencia que se establezca con ese otro, antes que con el formato. Café literario, taller, cursos virtuales. Me parece que la consigna es no aislarse y leer mucho. Y no perder de vista que el título de escritor es una ficción.

¿Cuáles serían los tres mejores libros que leíste?
Plop, de Rafael Pinedo es una novela zarpada. Aunque es zarpado todo lo que se publicó de Pinedo. También me encantó leer El estereoscopio de los solitarios, de Wilcock. Ygdrasil, de Baradit es un viaje del que no volvés directamente. Es difícil la pregunta porque son muchos los que ocupan el primer puesto en el podio. Si mañana me la hacés otra vez, respondería de otra manera y no invalidaría lo que respondo ahora.

Falta poco para las presentaciones de «La analogía del Cielo», ¿Se viene Tour de la otra gemela?

Presentamos la novela recientemente en el marco de la Feria Municipal del Libro de Viedma. Una experiencia hermosa y estimulante. En breve se presentará en Capital Federal, junto a los otros tres títulos de la editorial y sus respectivos autores. Pronto habrá novedades en ese sentido, pero sí. Ahora toca hacerse cargo de eso que escribí, y dar la cara. 




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Entrevista PULP: Julio M. Freixa


Julio M. Freixa está pisando fuerte en la literatura española. Las aventuras de sus personajes marcan un antes y un después en sus historias. Hace poco se publicó Cronicas de Mundo Guerra: Aventuras de Tex Hardigan una historia Pulp que te hará viajar a mundos inconcebibles para las mentes humanas. Tuve la oportunidad de poder charlar con él y este fue el resultado: 

Julio M. Freixa
¿Cuándo decidiste comenzar con la escritura?
Siempre se me dio bien la escritura y las asignaturas de letras, a pesar de ser de ciencias. La escritura fue algo que se me quedó en el cajón de “cosas pendientes” durante mucho tiempo y que por fin me decidí a emprender hará unos cuatro o cinco años. Al principio quería escribir novelas históricas, o tal vez ciencia ficción dura, pero pronto me decanté por algo más ligero. Ya tenía bastantes quebraderos de cabeza en el trabajo, como para añadirle los de una afición sin pretensiones como es para mí la escritura.

¿Sos de investigar antes de escribir? ¿La historia lleva la brújula o sos de tener todo organizado antes de empezar?
Siempre hay que documentarse, aunque unas veces más que otras. Para Una sórdida ficción pulp, por ejemplo, estuve un par de meses recabando información. Para Tex Hardigan, nada de nada. Siempre elaboro un esquema de lo que va a pasar en la novela, aunque a medida que escribo lo voy cambiando según la historia me lo va pidiendo. Al final, poco tiene que ver con lo planeado.
 
Tex Hardigan se está nombrando mucho en el ambiente Pulp ¿Quién es y qué quiere?
Tex Hardigan es un luchador de wrestling que un buen día, sin saber por qué, es transportado a otro planeta para participar en una especie de competición de supervivencia. Allí deberá ir enfrentándose a todo tipo de peligros e ir desentrañando el entramado de misterios de Mundo Guerra. Su única ambición es poder volver a la Tierra, aunque poco a poco irá evolucionando a medida que avanza la historia y va conociendo a otros personajes que serán importantes en sus aventuras.

En Pulpture publicaste una historia de Tex, ¿este nuevo libro es una continuación? ¿Hace falta haber leído el primer libro?
Es mejor no haberlo leído, porque este nuevo volumen es un reboot del personaje, en el que he reescrito la primera novelette y la he continuado hasta completar una historia. Para los que ya hayan leído esa versión primigenia, esta nueva supondrá una experiencia interesante... ¡por fin sabrán cómo le va a Tex y a sus amigos en ese viaje hacia las ignotas tierras de Oriente!

¿Habrá más historias de Tex Hardigan?
En efecto. Hay terminada otra novelette que espero completar hasta tener un volumen de doscientas y pico páginas y que saldrá hacia finales de año. Si alguien pensaba que Tex Hardigan iba a tener vacaciones, nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que las pasará canutas en los distintos mundos que le tengo reservados.

Como si existiera una sociedad secreta, “Arachne” está asomando la cabeza ¿Qué es?
En realidad fue algo que surgió de una conversación que tuve con Miguel A. Naharro (autor de La maldición de la diosa araña, entre otros). No es más que un grupo de autores independientes que nos hemos unido bajo un sello común para publicar nuestras obras sin el lastre que muchas veces supone tener una editorial detrás. De ese modo podemos publicar todo lo que de verdad nos gusta, sin atender a las supuestas demandas del mercado. Y, ¿sabes una cosa? Cualquier editor te dirá que tiene muy claro qué es lo que quiere publicar, pero lo cierto es que nadie tiene ni idea de lo que se va a vender. Por lo tanto, es mejor escribir lo que te dé la real gana. Por lo menos, te divertirás más haciéndolo. De esa forma, en Arachne veremos un buen puñado de novelas que, por sus disparatadas temáticas, son imposibles de encontrar en otros lugares.

¿Estas novelas tienen un hilo conductor o cada una marca su camino?
Son independientes las de cada autor, pero con el tiempo algunas estarán relacionadas en un universo compartido. Eso dependerá de los planes que surjan, por ejemplo tu compatriota Jorge Del Río y yo tenemos uno de weird noir en el que intervienen los mismos personajes en historias que se pueden leer de forma independiente. Sin embargo, quienes las lean todas encontrarán algunas referencias que seguramente mejorarán la lectura, sin que esto sea un inconveniente para disfrutarlas de forma aislada.

Falta poco para encontrar tus letras rodeadas por las de Lem Ryan, Raul Montesdeoca y Pako Domiguez ¿Qué nos podés contar de eso?
Mi participación en el universo compartido de Weird West significa para mí la culminación de una vieja aspiración, llámalo sueño si quieres. Desde que tuve en mis manos el primer ejemplar de Weird West supe que si alguna vez se me presentaba la ocasión de participar no la dejaría pasar, y cuando Pako me lo ofreció, no tardé ni un segundo en contestarle. Mi historia introduce en dicho universo a tres personajes a los que ya había sacado en algunos relatos que en su día fueron publicados en distintos sitios: Garland Faust (un cazador de demonios, a caballo entre Hellboy y Solomon Kane), Agatha Mandrake (una bruja bastante competente y atractiva) y Judas el Miserable (inspirado en la canción del mismo nombre de la banda de rock española La Frontera). Confío en que la historia esté a la altura de la del maestro Lem Ryan, a quien tengo el gusto de conocer personalmente y con quien ya he colaborado antes en otro proyecto que sigue inédito.

“El laberinto de Set” es un libro juego. Me imagino que te ha llevado mucho trabajo ¿Cómo fue la preparación del proyecto?
La verdad es que fue una de esas cosas en las que te metes sin pararte a pensarlo demasiado bien. A raíz de un relato mío que apareció en una antología de espada y brujería, mi editor de por aquel entonces me propuso continuarlo en un librojuego. La editorial estaba echando a caminar y todo eran geniales ideas, todos los días. Naturalmente, luego no todas llegan a buen puerto. Unas se olvidan y otras dejan de parecer tan geniales al cabo de un tiempo. Yo acepté el encargo y, sin saber muy bien cómo, en cosa de un mes tuve listo el primer borrador. Luego, como tantas veces  pasa, el proyecto acabó en un cajón, bien porque el editor no sabía muy bien cómo meterle mano a aquello, bien por otros motivos cualquiera. Hasta que un día decidí que todo aquel trabajo no podía desperdiciarse y retomé el proyecto, esta vez por mi cuenta. Descubrí que el manuscrito estaba lleno de errores y, uno por uno, los fui arreglando. Fueron dos meses de intenso esfuerzo y más de una vez estuve a punto de tirar la toalla. Sin embargo, como soy bastante cabezón, lo acabé y publiqué el libro en Amazon. Al principio pensaba que nadie lo iba a comprar, pero lo cierto es que se está vendiendo muy bien, mejor que ninguna de mis otras novelas. Vivir para ver.

Más allá de los proyectos que nos contás. ¿Qué más hay cocinándose?
Antes de finales de año saldrá la antología Action Tales de Dlorean, que lleva un relato mío de Rocky Atlas, un personaje que recoge la tradición de Doc Savage adaptada a los años 80. Esa será su carta de presentación y el año que viene se publicará una novela larga de ese personaje de la que solo diré que salen nazis ninjas del centro de la Tierra. Esto último es secreto, así que no se lo vayas a decir a nadie.

¿Qué lecturas recomendás para los que se inician en el Pulp? 
Para iniciarse en el pulp clásico, lo mejor es hacerse con algunos ejemplares de la revista Barsoom y con algo de Tarzán y John Carter (ambas de Edgar Rice Burroughs). También cualquier novela de Curtis Garland o del Coyote de José Mallorquí.
En cuanto al neopulp, actualmente los que mejor lo representan son los chicos y chicas de Dlorean. Un buen punto de partida sería hacerse con la antología Action Tales y Action Tales 2, de próxima aparición.

Te agradezco por la buena predisposición, Julio. Muchas gracias por todo. 
Muchas gracias a ti por tu interés. Como suelo decir, tengo pocos lectores pero muy buenos y para ellos sigo creando historias. Este tipo de iniciativas, como tu magnífico blog, son de vital importancia porque acercan la literatura popular a un público más amplio, que siempre la ha amado sin saberlo. Aquí dejo con tu permiso un par de enlaces para quienes quieran echarle un vistazo a algunas de mis obras: