Entrevista a Patricio Chaija


Patricio Chaija es un tipo de varios lugares, profesor de literatura y sobre todo un gran escritor. Llama la atención la cantidad de obras que tiene publicadas, y la calidad en sus letras. Tuve la oportunidad de conocerlo un poco más con esta entrevista y acá está, para que ustedes se metan en sus respuestas, en sus pensamientos y sus terrores.

¿Cómo llegó la literatura a tu vida?
Mi madre era lectora y yo comencé a imitarla. Tal vez por eso. Igualmente siempre me dieron curiosidad los libros, sobre todo los que incluyeran imágenes. En casa había libros, mi vieja iba a la biblioteca a sacar novelas, yo la acompañaba. Charlábamos mucho. Creo que en algún momento me propuse ser el novelista que ella hubiera deseado. Al menos así me he analizado.

¿Creés que llegaste a serlo?
Tal vez. Quizá a ella le gustaban más los thrillers. Tenía un gran gusto por lo morboso. Un día me pasó una revista para que leyera un cuento del Decamerón. “Es re porno”, me dijo entusiasmada. Pero era bastante flojita la historia.

¿Cuándo sentiste que podías ser escritor?
Siempre me dio pudor decirme “escritor”. En el 2008 se publicó un cuento mío en una página española llamada Fantasymundo. Recuerdo que me dije “Creo que soy escritor”. En ese entonces yo tenía 26 años, y llevaba escritas cinco novelas inéditas y decenas de cuentos. Pero a partir de esa publicación me reconocí como escritor. Antes había publicado otro cuento, “El brujo”, en Axxón, pero ahí no me sentía un escritor. Podría haber sido suerte que me publicaran “El brujo”. En cambio cuando en Fantasymundo apareció el relato corto “Pili” pensé que ya no era casualidad: era un escritor. Dos años después el relato desapareció de esa página porque se publicó en la Argentina la novela titulada Pili. Igualmente, nunca digo que soy escritor, salvo que alguien me pregunte. Me sigue dando pudor concebirme así.

¿Sos partidario de tomar clases en talleres literarios? ¿Cuál fue tu mejor manera de aprender?
Sí, los talleres me parecen bárbaros. No te enseñan a escribir (nadie puede hacerlo) pero sí te enseñan a escuchar y a hablar. A compartir. Y esa es la mejor manera de aprender. Con respeto por la escritura del otro. Oyendo críticas que te ayudan a mejorar. Cuando leo u oigo una crítica de algún libro que publiqué siempre pienso “Tengo que trabajar más”. Entonces agacho la cabeza y me esfuerzo más. No sé si los resultados son satisfactorios, pero el intento lo es todo, ¿no? Y esa manera de escuchar sugerencias la aprendí en el taller al que fui siendo adolescente.

¿Hasta dónde te gustaría llegar como escritor?
Si me permito soñar te puedo decir algunas cosas. Siempre deseé ganar el Premio Clarín de Novela. Y el Cervantes. Jaja sé que suena pretencioso, pero eso es lo que deseo. Y ver en el cine algunas de mis novelas sería genial. Viajar y conocer otros lugares, charlar con lectores… En resumen: recibir cariño. A eso apunto en la vida y en esto de la literatura.

¿Qué libro te marcó para siempre?
Me marcaron muchos. Pero me marcaron más los libros malos. Recuerdo que con mi madre leíamos cuentos en un manual de la secundaria (teníamos un kiosco en Tornquist y había tiempo para leer y charlar) y ella cerraba el libro luego de leer algo en voz alta y me decía: “Si publicaron esta pelotudez, entonces, ¿cómo no van a publicar los cuentos que escribís?”. Ahora que lo pienso, no sé si me estaba diciendo si lo que escribía era una pelotudez o no. (También noto, al rememorar, que mi madre hablaba como la expresidenta). Bueno, el caso es que me motivó a seguir intentándolo.
Y algún libro que me marcó (para bien) sería “Cementerio de animales” de King. Ojalá algún día escriba un libro tan bueno como ese, o como “El hombre ilustrado” de Bradbury.

¿Por qué creés que escribís terror?
Me divierte. ¡Soy como un hombre que solo quiere asustarse! Me encantaría divertir a mucha gente. Que se conecten con la historia que inventé es algo mágico. Hay mucha gente que desea una trama sobrenatural. Somos legión.

Sos un escritor prolífico, ¿tenés algún ritual a la hora de escribir?
Tengo disciplina. Y un ritual tonto: cuando escribo una novela me coloco un gorro tejido de color amarillo, negro, rojo y verde.

¿Podés contar algo más de esa disciplina?
Me fuerzo a sentarme. A veces procastino lavando los platos, en vez de escribir. Tengo un superyó muy dictatorial que me obliga a sentarme. “Hasta que no escribas dos páginas no ves esa película”. Me siento frente al teclado y dejo que las compuertas se abran. Mi mente siempre está imaginando acerca de la historia en la que estoy trabajando. Por suerte mi mente (no sé cómo funciona el cerebro ni la creatividad, pero a mí me pasa de esa manera) se ocupa de imaginar mientras estoy haciendo otra cosa. Todo lo absorbe. Es como si tuviera compartimientos separados. Mientras hago una tarea doméstica como cocinar, una parte de mi mente está ahí, pero otra parte imagina situaciones, diálogos, ambientes para describir. Duchándome, saliendo a correr o en cualquier situación he tenido conceptos que me ha interesado volcar en la escritura. También estoy muy atento a mi alrededor: las personas con las que trato diariamente me ayudan, sin saberlo, a escribir.

Tenés publicadas novelas autoeditadas y bajo un sello editorial ¿Cómo te gustó más publicar?
De cualquier manera me ha gustado. Me topé con editores amables, y eso es lo importante.

¿Cómo es eso de que te están traduciendo a coreano?
Es algo que aun no termino de entender. Un muchacho me envió una foto de una universitaria coreana que traduce cuentos míos a ese idioma. Es algo que no me veía venir.

¿De qué trata «Los Señores De Xibalbá»?
Es la historia de dos hombres que viajan a una ciudad en busca de venganza. Ellos son hermanos y deben descubrir quiénes asesinaron a sus padres.

¿Es autoconclusiva o habrá una segunda parte?
Es autoconclusiva. En mis libros y cuentos los personajes o situaciones están conectados, a veces no de manera demasiado evidente, pero en este caso es una historia individual.

La soledad del escritor es uno de los temas más hablados en el ámbito, pero, no todos comparten que es literal. ¿Cómo es tu proceso de escritura?
Es muy solitario, tal cual. Debe haber silencio. Por eso prefiero la noche. Aunque aprendí este último verano a aprovechar el día. Ahora puedo decir que escribo en cualquier horario. Tengo las cosas en mi cabeza y escribo. Tomo notas a medida que avanza el relato o novela. No sé cómo explicarlo. Es algo raro. La historia me viene como una imagen en donde está todo.

¿En qué estás trabajando ahora?
Estoy escribiendo una novela y una biografía.

¿Qué tipo de investigación usas para tus novelas?
No soy de investigar mucho. Noticias policiales, o de casos sobrenaturales. Lo demás me aburre. Pero en realidad todas las lecturas que absorbo son una investigación acerca del lenguaje. Novelas, cuentos, poemas, ensayos. De cualquier género. La gente suele sorprenderse cuando se entera que me encanta la poesía, y sobre todo la de amor. Para escribir hay que leer de todo. Después escribí lo que se te antoje.

¿Qué autores contemporáneos recomendás?

Los cuentistas Juan José Burzi y Pamela Terlizzi Prina. Y los poemas de amor de Adrián Giorgio también me gustan mucho. 

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