Nuevo relato en la revista "Panorama urbano", junio 2014


Otra participación en la revista "Panorama urbano". 
Esta vez toca un poco de ciencia ficción, de la mano de "El niño de blanco y el Talante".

Una especie capaz de comunicarse telepáticamente con los de su raza y con la singularidad de cambiar su forma física. Atrapada en una nave humana y sin poder hacer uso de sus cualidades... ¿Quién lo ayudará?

Espero que disfruten de su lectura. Un saludo desde la nave.



El niño de blanco y el Talante

Relato de ciencia ficción

Imagen realizada por CARLOS RODÓN
Nunca había estado entre tanto silencio. Era extraño haber vivido durante décadas acompañado por un murmullo constante  y luego sentir el vacío de golpe, como si fuera una sentencia al azar. Ellos no buscaban a ningún Talante en particular, por eso, aunque seamos todos iguales, nuestra defensa natural no sirvió.
Estaba pescando en las cercanías del bosque de crianza, donde los seres acuáticos abundaban por las altas temperaturas; cuando un peso desparejo cayó sobre mí. Las ondas eléctricas que poseía la red me desmayaron antes de llegar a su nave. Por lo que pude ver antes que me suban, era un engendro metálico, no se parecía a una de las nuestras.
Pude avisarles a los demás por medio de mis pensamientos, pero sus preguntas me bombardearon y no respondí nada. Ya estaba dentro y desde ahí se dificultaba mi conexión con ellos.
Una vez que me metieron en lo que ellos llamaban “la caja”, no pude comunicarme con nadie más. Los seres extraterrestres me hablaban, los entendía pero no tenía forma de responderles, no sabía como. Por su fisionomía eran humanoides, y me atraparon para su diversión. Todos pasaban a verme como si fuera una obra de arte. No lo entendía; si nos hubiesen pedido de forma pacífica una expedición por nuestro planeta, con gusto podrían ver todo lo que quisieran, pero no, no se manejaban de forma lógica.
Mantenían la densidad adecuada en el aire de mi prisión, para que pudiese respirar con normalidad. Cada cierto tiempo removían el aire de “la caja” para que no muriera. En el momento que abrían la compuerta superior, podía escuchar a toda mi gente en mis pensamientos. Había pasado tres veces, en tres días diferentes y en ningún momento pude decirles donde estaba, la nave se mantenía en constante movimiento y aunque estuviese quieta, tampoco sabría en donde me encontraba.
Sus crías eran las que reaccionaban de manera singular, ninguna era igual. Algunos golpeaban la pecera de acrílico para que los mire o me acerque a ellos. Otros, los que para mí eran los más naturales, se quedaban abrazados a las piernas de sus cuidadores y le tiran de sus trapos para que los alejen del lugar. No entendía que ganaban con eso. En mi planeta eso no existía, es más, nunca se nos hubiese ocurrido hacer algo semejante. La esclavitud de las vidas eran un mito que vagó por las ondas que se perdieron en el espacio y un anciano una vez escuchó. Solo eran un cuento para asustar a las crías que se descarrilaban de la manada. No eso, no me podía estar pasando a mí.
Desde mi prisión se podía ver un lugar bastante transitado. Por sus rasgos son pertenecientes a distintas camadas. No entendía mucho de sus costumbres, aunque podía enfocarme en que son bárbaros; pero, había una cría diferente a ellos. Tenía sus ojos con un brillo particular y siempre me miraba con compasión, pero luego supe que era cariño.
Después de dormir algunas horas, me desperté de forma precipitada. Escuchaba una voz dulce que me incitaba a seguir durmiendo, pero me levanté y en una de las paredes estaba el niño de mirada especial. Sus ojos eran blancos, transparentes tanto por el color como por su ser. Podía ver como era y no estaba equivocado, su mano estaba apoyada en la parte exterior de mi libertad.
—¿Quién eres? —Pregunté entre pensamientos.
—Eso no importa. Sé que no debes estar aquí. Este no es tu lugar. —Me respondió de la misma forma, sin mover sus labios como los demás.
—Me raptaron tus jefes, pareciera que estoy para su diversión. No puedo vivir por mucho tiempo alejado de mi pueblo, moriré en unos días.
—Lo se. Puedo ver en tu interior. Yo te voy a ayudar —Dijo el chico.
—¿Pero… Por qué me ayudas?
—Porque ellos quieren saber tu secreto para comunicarte por pensamientos, y no merecen poseerlo. No te quieren exponer nada más. Le temen tanto a la soledad que arrebatarían cualquier especie de esta galaxia que pueda darle su solución y una de todas ellas eres tú.
—¿Ellos? ¿Acaso tú no eres parte de ellos? —Pensé extrañado.
—Yo no miro, ni observo. Puedo haber nacido de un vientre humano, pero no soy parte de ellos. Nací sin vista para ver seres especiales como tú, y tengo que mantener el orden, sino volverán a querer arrebatar los planetas como lo hicieron cuando la tierra aun giraba.
El niño sacó su mano de la pared acrílica y la comunicación se silenció. Su vara, albina como sus ojos, iba de un lado a otro esquivando la multitud de su raza.
Pasaron los días y el chico de ojos blancos seguía en su lugar habitual. Yo, por mi parte, trataba de adaptarme a la decoración de mi lugar, pero no lo lograba. Entre los cambios de aire de mi hábitat pude decirle a mi gente que me encontraba con vida.
Desde que me raptaron, siempre mantenía mi forma tradicional, no quería cambiar de aspecto para no darles motivos de querer arrebatarme también eso. Mi color rosado estaba palideciendo, extrañando mi planeta.
Durante mi descanso volví a escuchar la voz. Me desperté para poder hablar con alguien, y ahí estaba el niño.
—Ya sé como ayudarte. —Pensó.
—Dime… necesito irme de aquí.
—Orbita 5 de Júpiter. Luna 3.
—¡Gracias!... ¿Cómo puedo pagarte, niño?
—Si pudiera respirar tu mismo aire, te pediría que me lleves contigo… Pero no puedo.
—¿Por qué vendrías?
—Cada vez estoy más seguro de que nací en el lugar equivocado. Y luego de pensarlo… puedo comunicarme contigo: Los pensamientos de todos los seres son los mismos, lo único que me diferencia es de donde provengo.
—Sí. Yo también lo entendí así. Espero que logres diferenciarte. Pero… deberías ponerte a salvo. —Pensé.
Vi que en su rostro se dibujaba una sonrisa y sacó su mano de mi alcance. Se alejó hasta que lo perdí de vista.

Al día siguiente, cuando hicieron la maniobra diaria para que no pereciera en su atmósfera, comuniqué las coordenadas que me había dicho el niño. No escuché su confirmación de recepción, pero los esperé.
         Me desperté pensando que él estaría enfrente mio, pero no fue así. Las alarmas sonaban e iluminaban el lugar con un rojo intenso que titilaba en los pasillos. A lo lejos pude ver a varios Talantes luchando por encontrarme. Llegaron a mí y luego de correr por varios pasillos me subieron a la nave de trasbordo.
Cuando estábamos alejándonos en la nave madre, pude ver como las detonaciones hacían de la nave un amasijo de metal. Entre todos los festejos de mi colonia pude notar esa voz celestial por última vez:
         —Hasta pronto —Susurró y una lagrima cayó en respeto a su ser.
Les contaré a todos en mi planeta, que gracias a un ser brillante y de un blanco estelar aprendí más de la vida y además les enseñaré.
Cada luna que venga a diario le dedicaré unas palabras y un recuerdo.

Esteban Di Lorenzo «DILO»



La imagen de "Los ojos del niño" fue realizada por CAROLINA DILO


4 comentarios:

  1. Muy bueno, Esteban. Muy sentido, triste y dramático; muy buen final, también.
    Me gustó, che.
    ¡Saludos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A veces me llevan para ese lado... un poco teológico. :D
      Gracias por leerlo, amigo.

      Eliminar
  2. Emotiva historia con un mensaje de paz y esperanza que combina drama y ciencia ficción al mejor estilo cine de Spielberg.
    Te felicito por la publicación.
    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Raúl. Gracias por leerlo.
      Es un personaje que está interviniendo en varias historias, vamos a ver si lo vemos más seguido. :)
      Un abrazo enorme.

      Eliminar