Tarde de color «blues»





Tarde de color «blues»

     Necesito salir de casa, el ambiente ya está saturado como para seguir respirando en este lugar. El portazo que di cuando salí fue el disparo de largada, aunque no sabia a donde. Camino hasta que no me dan más las piernas, ni siquiera me doy cuenta la distancia que recorrí. La cabeza aún está en los problemas de mi rincón, de mi hogar.
     Observo el verde que hay a mi alrededor y me tiro rendido en el banco más cercano de la plaza. Sentado, abrazando mis rodillas me pongo a mirar la multitud que va y viene de Retiro. La mayoría de las personas tienen un rumbo, un punto de partida y uno de llegada que lo espera para recibirlo, y yo acá, escapando de lo que me hace feliz. Este tipo de paradojas me dejan en desventaja con la vida.
     La tarde empezó a despedirse y las personas caminan como si estuvieran escuchando un «blues». La ciudad le sigue el ritmo y empieza a cambiar de gente. La noche los pinta con una libertad que los hace andar más tranquilos. Veo los problemas de ellos como si fuera un ilusionista, el reflejo de sus ojos me cruza, me hablan como si fuéramos tocayos, pero no me corresponden. Si los tengo que comparar con mis dramas, quizá, me de cuenta que este no es mi lugar.
     Levanto mi cuerpo pesado de orgullo y me dirijo hacia donde me corresponde. Vuelvo por el mismo camino que me trajo, camino más despacio de lo que puedo, trato de juntar el coraje que me dejó mi partida, pero aquí estoy. La puerta que me despidió como si fuera un intruso me espera para remendar mis tropiezos, una historia que solo yo puedo enmendar. Entré, y allí estaba.
     Por suerte aún me está esperando, me mira como otra ilusionista... y puedo comprender, que estos ojos si me corresponden.

Esteban Di Lorenzo

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